Islandia Mágica (2019)

Resulta casi imposible pensar en un destino de viaje fotográfico perfecto y no pensar en Islandia.

Ya llevamos varios años disfrutándolo y nunca defrauda porque Islandia es el paraíso del color. Del negro de la lava al verde del musgo que la cubre. Toda la paleta de los rojos, ocres y dorados se deslizan por las laderas de sus montañas.

Cada año Islandia nos regala con más de una sorpresa, instantes mágicos y, como no, imágenes para el recuerdo. Puede ser un arco iris increíble, un atardecer de ensueño, un nítido espejo reflejando montañas mágicas o el baile de la “dama verde” en una fría noche otoñal.

Es un paraíso de cielos azules que cambian al gris más oscuro antes de que termines de hacer una fotografía. Un paraíso de luces en la noche.

Islandia es un país ideal para recorrerlo en coche. Una buena carretera de circunvalación nos permite recorrer la totalidad de la isla en un círculo. Y así lo hacemos nosotros, en una furgoneta, tomando como punto de partida su capital, Reikiavik, en el sentido contrario a las agujas del reloj.

En Islandia los escenarios fotográficos tienen forma de agua y lava. Fuego y hielo.

Los paisajes de cascadas de agua, arroyos y cataratas son absolutamente asombrosos. Es como si la propia naturaleza supiera que tiene que calmar el calor de esta increíble tierra que arde por dentro. Y vaya si lo hace!!!

Recorremos las más emblemáticas. Nos paramos en los rincones más escondidos.
Agua y verdes…hay agua por todas partes, y en todas sus formas.

Nos enfundamos en nuestros chubasqueros para vivirlas a fondo.
Espumas, vértigos y gran caudal en grandes dosis.
En nuestro recorrido, disfrutamos de algunas de las más emblemáticas…

GULFOSS, ”la cascada dorada”, poderosa, la más cercana a la capital y la
más accesible.

SELJALANDSFOSS, majestuosa y elegante. El río Seljalandsa, “el río Líquido”, cae aquí en 60 metros, en una hipnótica cascada de arco iris constantes, que disfrutamos desde todos los ángulos posibles… desde arriba, desde abajo y desde su interior.

SKÓGAFOSS, una de las cascadas más visitadas de Islandia; 62 metros de altura x 25 metros de ancho para una vista grandiosa. La espuma y el sol nos hacen ver arco iris constantemente.

LA CASCADA DE KVERNUFOSS, un tesoro escondido, después de un delicioso sendero con una caída de 30 metros que fotografiamos también por detrás.

DETTIFOSS, una catarata enorme, imponente, en el noroeste de Islandia, la más caudalosa de Europa, con un promedio de caudal entre los 200 y los 500 m3 por segundo.
¡Simplemente impresionante!

GODAFOSS “la cascada de los dioses”, una media luna con un aire muy mágico en la que las aguas del río Skjalfandafljot, caen desde una altura de 12 metros y a lo largo de 30 metros.

¿Escoger cuál es la cascada más bonita de Islandia?…Misión imposible.
….

Llueve.
Estos cielos “enfadados” son fabulosos para la fotografía. Los claros en el camino nos permiten vivir luces increíbles.
Así es Islandia en septiembre, ¿o quizás todo el año?. Llaman a Islandia el país de los cinco minutos. Cada cinco minutos cambia el tiempo…en la foto que veis, pasamos de un cielo con claros a un viento que sopla con furia, para acabar con un perfecto arco iris.

Afortunadamente, aunque pocas, aún quedan en Islandia granjas de casas de césped y turba (el césped es un aislante inmejorable ante las inclemencias y los gases volcánicos), de madera oscura y pequeños tejados a dos aguas, que nos facilitan una delicia de postal fotográfica.
….

Julio Verne colocó en su novela de 1864 el acceso al centro de la tierra en Islandia. Mientras recorremos el interior de esta tierra casi virgen, tan solitaria, viendo pasar kilómetros de oscuras piedras volcánicas vivimos “casi” la misma aventura.
El paisaje parece extraterrestre. Los volcanes nos recuerdan que esta tierra aún está viva por dentro.
En Islandia se separaron los continentes, las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia. Es la herida abierta por la que Islandia surge de los océanos.

En el Parque Nacional de PINGVELLIR caminamos por alguna de las cicatrices que nos dejaron las fallas que se resquebrajaron.

Cuando llegamos al volcán de KIRKJUFELL, a los pies del coqueto pueblo pesquero de Grundasfjordur, es cuando mejor apreciamos que el escenario de un volcán en verdes profundos con el conjunto de los arroyos y caídas de agua es prácticamente perfecto.

Y llegan por fin los hielos a nuestro viaje. Llegamos a JÖKULSARLON
Aquí los hielos se escuchan.
El glaciar desprende bloques enormes de hielo en un lago, donde las focas grises asoman para ver las caras de asombro que tenemos ante este precioso espectáculo.

Después…el hielo nada desde el lago a una playa cercana de arenas negras y los hielos… absolutamente transparentes se depositan en la orilla de la playa.
Es la “playa de los diamantes”, una belleza.
Los hielos lavados por el agua del mar con el contraste de esa arena tan profundamente negra esta al filo de lo onírico.
Regresamos de nuevo Lago Glaciar de Jökulsarlón para esperar el atardecer. El cielo enrojece y los juegos de luces y las nubes nos hacen un regalo.
La sensación es gélida.
El ocaso, absolutamente impactante.

Pero la playa de los diamantes solo es el prólogo del resto de paisajes de playa que nos esperan.

El contraste de las blancas espumas del Atlántico norte con la finísima y profundamente negra arena volcánica, es hechizante en Stokknsnes.

La playa de REYNISFJARA.
Una playa de arena negra y grandes columnas de basalto que alcanzan los 66 metros de altura. Basalto, grutas, rocas, espuma…no hay un solo rincón que no merezca una fotografía.

….

Estamos en el glaciar de Vatnajokull que es el más extenso de Europa.
Un precioso valle lleva a la morrena del glaciar, de libro, con su lago y su río naciendo en una cueva helada.

….

Nuestra última noche en Islandia.
Gélida, absolutamente despejada. Millones de estrellas cubren el cielo.
Todos los días estudiamos cuidadosamente las posibilidades, pero hoy hay una esperanzadora previsión de ver auroras boreales.

Aurora es nombre de Diosa.

Luis Ángel Martínez Cancelo
Y es que en esta tierra el Poder de la Naturaleza es abrumador.

Gabriel Santos AlvarezLos tonos verdosos entran despacio, así se acercan unos a otros, se aprietan…hasta que casi todo lo que alcanza la vista sobre nuestras cabezas es de ese increíble color.
Las cámaras fotográficas enloquecen a disparos.

Y…de repente toda esta increíble cúpula se ilumina y las auroras comienzan a danzar, en una auténtica locura de verdes, rosas y magentas!!

El momento es tan intenso que por instantes olvidamos las cámaras. El espectáculo se repite tres veces más.

 

La belleza de lo vivido, nos la llevamos grabada a fuego.
Como todos estos paisajes, paisajes de fuego y hielo. Así es Islandia.

Algunas imágenes de la experiencia

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